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Intérpretes: VN: Sonia Gancedo y Víctor Sordo​

Es indudable que el siglo XVIII musical en España esconde nombres y músicas dignas de ser (re)descubiertas y (re)conocidas, como es el caso del corpus de partituras reunidas bajo el título de Divino fuego, un trabajo discográfico que, de manera decidida, aporta nuevas perspectivas al tratamiento musicológico y fonográfico de esta época y enriquece el acercamiento del “planeta Música” a la misma. VN se embarca en una preciosa y precisa aventura:  analizar, conjugar y grabar por vez primera la obra del maestro de capilla, organista y compositor, José Español (ca. 1694-1758). Uno de esos tesoros escondidos de los que se puede afirmar que… “haberlos hay los”, pero que por mil y un avatares no se ha tenido ni se tiene acceso a ellos y, por ende, no pueden disfrutarse tal y como merecen. En este caso sí, gracias al impulso y buen hacer de la contralto Sonia Gancedo, la chelista Amarilis Dueñas, el tenor Víctor Sordo y el clavecinista Diego Fernández. Sólo por tener la posibilidad de escucharlo y disfrutarlo, hay que felicitarse por ello.

Divino fuego es un disco de clarividente arquitectura conceptual y sonora desde la propia elección del título – tomado de una de las cantadas a dúo al Santísimo Sacramento, Como el amor es un divino fuego – hasta la “puesta en escena” de los diferentes materiales seleccionados, pasando, entre otros, por los variopintos lenguajes estilísticos, las adaptaciones vocales e instrumentales o la pureza sonora que rezuma cada pasaje. Se trata, pues, de un interesante ensamblaje perseguido y conseguido por parte de unos amantes de la música antigua, sin una base argumental preestablecida y sin ningún objetivo irreal o desmedido, más que el de disfrutar y hacer disfrutar de las emociones que se esconden tras las notas y textos de un músico aragonés, en este caso, del siglo XVIII, a quien, seguramente, la mayoría de nosotros ni conocíamos antes de escuchar esta grabación, pero que fue parte, como tantos y tantos otros, de una realidad humana y artística que existió y que, sin duda, dejó huella a pesar de no alcanzar el boato salido del ámbito de la Capilla Real, la Corte… la capital.

Tal y como afirma el musicólogo Raúl Angulo Díaz, investigador, junto a Antoni Pons Seguí, de la Asociación Ars Hispana y autor de una imponente edición crítica de la obra completa del músico1, José Español, nacido probablemente en Zaragoza en 1694, perfiló su crecimiento profesional y personal entorno a monasterios como el de San Juan de la Peña y San Victorián (Huesca). Pero fue en la Parroquia de Santo Tomás de Haro (La Rioja), donde desde 1731 hasta 1758, año de su fallecimiento, desarrolló su talento y manejó el día a día musical de una iglesia que estaba catalogada como una institución de rango menor dentro de la gran diócesis de Calahorra y Santo Domingo de la Calzada. Es precisamente en el archivo parroquial de Haro donde se encuentra el grueso de su corpus compositivo, excepto un par de obras que se encuentran en el archivo de la catedral de Santo Domingo de la Calzada (Vau et egressus est. Lamentatio secunda – Feria V in coena domini) y en el archivo musical del Santuario de Aránzanzu (Corran las fuentes). Su polifacética actividad se debe enmarcar dentro de diferentes campos de la música: copista, organista en misa mayor y Vísperas, archivero, afinador de órganos y clave, maestro de capilla… Lo que hoy en día podría denominarse como un “músico total”. Y es en Haro donde también descansan sus restos desde que “el día del entierro en la parroquia de Santo Tomás, estuviera acompañado por la comunidad de San Agustín”2. Y viene a colación San Agustín porque fue el que escribió que” …El Amor Divino es fuego que quema y este quemar cura. Queman estas llamas y cura su rescoldo. Si no sabes de este fuego, no sabes de Dios”. Sobre este axioma argumental se va a mover, claramente, José Español a lo largo y ancho de sus pentagramas. Los indicios que emergen de una primera lectura y escucha de la obra nos conducen a los inescrutables caminos del Señor y a su presentación bajo la ecuación de amor + fe = ¿fuego divino o divino fuego? Una fórmula conocida, repetida e idolatrada a lo largo de miles de años y a través de diferentes ámbitos (escritura, pensamiento, arte…), desde el punto de vista estrictamente cristiano – un cristianismo con vocación universal y permanente como asegura Antonio Mestre Sanchis de la Universidad de Valencia3– tal y como demuestran, por ejemplo, los numerosos pasajes en los que la Sagrada Escritura entra en la teoría del fuego, aunque no siempre en un sentido unidireccional. Por un lado, un “fuoco” que puede ser imagen de la devastación y del castigo, y, por otro, la imagen de la purificación de las almas humanas y del amor de Dios: “Si pasas en medio de las llamas, no te quemarás ni la llama arderá en ti” (Is 43,2) o “Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego” (Lc 3,16) … Es en este segundo objetivo donde debemos centrar y captar el mensaje que traduce José Español en sus partituras

Excepto la pieza que inaugura el CD, Vau et egressus est. Lamentatio secunda – Feria V in coena domini, que refiere una evidente lamentación, Divino Fuego desprende un esperanzador aroma religioso. La selección de temas, elegidos por VN, lanza un mensaje claro y premonitorio de exaltación positiva, exuberante. Estamos ya en pleno siglo XVIII, en una realidad que se circunscribe a la periferia del ámbito centralista, simbolizado por instituciones oficiales de gran calado. Dos motivos, quizás, suficientes para alejarse y querer escapar de ese “inquisitorismo” controlado y casposo en cuanto a creencias y pensamiento que derivaba de épocas anteriores y que comenzaba a “ilustrarse”, es decir a abrirse para recibir nuevos bríos y contemplar la vida con una luz más clara. Esta sensación parece respirarse a lo largo y ancho de todo el disco, de sus cantos llanos, sus cantadas, solos humanos, instrumentales, himno XV tomado de Cabezón…elementos combinados con tremenda lógica y naturalidad, que se van sucediendo como si de un programa de concierto se tratara.

Pero he aquí que entra en escena un aspecto, a mi parecer, fundamental. En la idiosincrasia española siempre ha existido una cierta dualidad a la hora de presentar elementos con envoltorio sagrado, pero con alma popular, es decir “tornados a lo divino” desde el ámbito de lo profano. Ejemplos, en el terreno musical, hay muchos. Uno, absolutamente universal, es el de Francisco Guerrero. Fiel representante, junto a Cristóbal de Morales y Tomás Luis de Victoria, de la polifonía religiosa española del Siglo de Oro, pensó en tomar la canción Prado, verde y florido, perteneciente al Cancionero de Palacio, para (re)convertirla en un maravilloso Pan divino y graçioso. En José Español también se da esta paradoja o, mejor dicho, esta dualidad: nos presenta su concepción de lo sacro (re)interpretando muchos de los textos y estructuras musicales escritos a la manera profana o popular (minué, arias y recitativos – cabría recordar aquí la interesante relación entre ópera y cantata, término italiano que se españolizó como cantada o la entente con el villancico–, coplas y seguidillas…). Al hilo de esta digresión, destacan tres piezas de claro tinte profano. La primera de ellas, A la entrada de la calle, fue atribuida a Español a pesar de no tener adscripción ni, como curiosidad, título original – se tomaron las palabras iniciales del texto para clasificarla –. Según el propio Raúl Angulo, se trata de una letrilla popular para una sola voz, sin acompañamiento, adaptada por Amarilis Dueñas como pieza instrumental, en este caso para chelo barroco. De igual manera sucede en Viva de mi amor, un aria destinada originalmente a tiple y acompañamiento para ensalzar la pasión amorosa y que nos llega, en esta ocasión, en formato instrumental de la mano del chelo barroco y el clave de Diego Fernández. Según las investigaciones del citado musicólogo, parece ser que el aria formara parte de una misma cantada humana junto a Ay triste pensamiento, “un solo humano” – en clara referencia a los tonos humanos del siglo XVII – de gran lirismo e intimismo, interpretado por el tenor Víctor Sordo.

Por tanto, estos dos planos, opuestos y compatibles al mismo tiempo, se entremezclan y se entrelazan en un recorrido enriquecido por evidentes aspectos estilísticos, técnicos y de contextualización para crear este documento sonoro. Así se refleja en Oh admirable redemptor (1745), pieza originalmente escrita para Alto, Tenor y Acompañamiento, en la que destaca el preciso manejo de formas y estilos. Se trata de un dúo con una estructura sencilla (A+B) a la que VN le añade una estrofa de canto llano, el O redemptor, interpretado por la contralto Sonia Gancedo, que actúa de nexo entre ambas partes. Estilísticamente, supone recrear en modo dialogado, a modo de pregunta y respuesta la parte A, y utilizar la técnica homofónica, con intervalos de terceras y sextas entre ambas tesituras, para la parte B. Se repite de nuevo este concepto en Cristo mío, quien te vio y en Oh mística rosa, una canción dedicada a Nuestra Señora, con un introito inicial a capella, en clara referencia al gregoriano: ”Ave María, Gratia plena…rosa sine spina…”, que acaba siendo engullido por un amplia y emotiva aria, que desembocará en un minué final… ¡Una danza… un nuevo elemento profano! Misma situación, mismos protagonistas: La piedad más amante de 1745, cantada a dúo al Santísimo Sacramento, con una estructura muy original en el que se intercalan recitado y aria con un nuevo y breve recitado, el cual servirá de preludio a unas festivas coplas – seguidillas.

En definitiva, música que el oyente debe disfrutar gracias al intenso compendio de registros y formatos vocales, combinación de melodías y armonías, recovecos rítmicos y cálidas sonoridades celestiales y terrenales, elementos que nos llevarán en volandas hacia ese sagrado incendio de amor, hacia esas llamas purificadoras… hacia ese ¿divino fuego o fuego divino?

Notas:

  1. Angulo Díaz, Raúl. José Español: Obra completa. Edic. Ars Hispana. 2020. 406 pág.
  2. Angulo Díaz, Raúl. Biografía de José Español. En José Español, músico, poeta y organista de Santo Tomás de Haro: vida y obra de Germán Torrellas Liébana.
  3. Mestre Sanchís, Antonio. Biblia e Ilustración en la crítica de la religiosidad barroca. En CESXVII, nº 27 (2017), pp.139-166
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