Decía Julio Caro Baroja, allá por 1978, que “a los que en esencia somos más musicales que poéticos, cuando el ajuste de una letra ramplona con una música bonita da un resultado, esto nos molesta menos que cuando una letra bonita se ajusta a una música ramplona”

Quizás esta afirmación sea acertada para algunos de los ejemplos con los que cuenta la canción española a lo largo de su historia, pero sería lícito poder negar la mayor al famoso antropólogo cuando uno escucha un disco como Rutas, un precioso y preciso trabajo del tenor cordobés Pablo García López para el que ha contado, muy acertadamente, con el exquisito acompañamiento pianístico de Aurelio Viribay. Cuando unos versos de Lope, Alberti, Lorca o Quevedo son adornados por el arte de Toldrá, Esplá o unos sorprendentes Joaquín Reyes y Ramón Medina, todo parece más sencillo, más emotivo…más humano.

El tenor traza un luminoso recorrido musical diseñando sus particulares rutas a las que irá sumando diferentes almas populares, disfrazadas de fiesta, melancolía, coqueteo, inocencia, color o ensoñación. Y lo hace con ese punto de equilibrio tan necesario a la hora de interpretar este tipo de repertorio. Claridad en la dicción, expresividad para conseguir emocionar poéticamente al oyente como en Nadie puede ser dichoso o Después que te conocí de las Seis canciones de Toldrá, una voz cálida –destacan los contrastes entre tonalidades mayores y menores de La zagala alegre de Toldrá sobre texto de Lorca o la inocencia de Cantarcillo sobre texto de Lope –, templanza rítmica y un gusto musical que en Pablo López desborda por los cuatro costados, gracias a su control y color vocal como en Se peinaba la niña o en la luminosa y marítima La adelfa, dos pequeñas joyas del compositor cordobés Ramón Medina –todo un descubrimiento para el que suscribe–. El piano de Aurelio Viribay hace el resto. Con el respeto y la madurez que le proporciona una dilatada carrera, se muestra indiscutible en el timing como en Los 12, incluida en las Canciones playeras del alicantino Oscar Esplá, en las lánguidas cadencias, en los acordes arpegiados, en las interacciones temáticas ¬–como en el fotográfico Paisaje de “una tarde equivocada, pintada de frío” del compositor Joaquín Reyes– o en la descripción melódica como en la melancólica partitura de El pescador sin dinero de Esplá.

Obradors, Mompou, Guridi, Montsalvatge, Rodrigo, Gerhard, Rodolfo Halffter, Usandizaga…Son muchas las rutas musicales que cruzan la geografía española, de norte a sur, de este a oeste. Pablo García López se ha ganado, con sobresaliente, el derecho a poder seguir viajando a través de estas, en busca de territorios aún semidesconocidos para una gran parte de los melómanos.

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